viernes, junio 30, 2006

Fotografia...


Hasta hoy no había descubierto todo lo que me apasiona escribir, sin duda que el ego me juega malas pasadas en esta materia, pero me gusta por que es una sensación distinta, se aleja de lo burdo que es solo poner una foto para sentir esa admiración barata de amistades y mirones… tiene un sentido, tiene una razón de ser… es quizás por que en este caso el ejercicio de autoexposición lo realizas tu y no un instrumento electrónico que juega con la captura de luz y un puñado de píxeles. Pero ¿Quién soy yo para reprochar al cuerpo cuando este es la propia manifestación del alma? Bien por quienes amen al envase, que yo me quedo con la sustancia que es extensa y creativa, principio y fin… Es este el embriagador placer de escribir, de plasmar lo ideal y proyectarse, dándole además del mismo tiro, un empujoncito al ego… ¿Que mejor? Ejercita neuronas, el alma, los dedos, alimenta el ego y por el momento es gratis. Parece que es el mejor negocio en el cual se puede invertir por estos días, en donde el mercado de lo superficial esta realmente colapsado. Escribir es por derecho propio una de las acciones mas elevadas, es el fotografiar el alma y el correntoso devenir de la conciencia, en una imagen que nunca es fiel a la realidad, pero que cada vez va progresando al igual que la tecnología para lograr una captura más fidedigna…
jueves, junio 29, 2006

La ascensión por la soledad


¿Te haz sentido solo? Pero no hablo de eso que sueles sentir en aquellos días en que te asomas por tu ventana y afuera vez el día tan gris como el pavimento de tu vereda, que por lo demás, jamás ha sido tuya. Me refiero a esa soledad extrema, que te cala los huesos y que vuelve todo en ecos, que te hace sentir que todo es nada y que la nada lo abarcó todo… esos días en que parece que lo mejor que puedes hacer luego de levantarte es simplemente volverte a acostar, o quizás quedarte en pie, pero solo para salir y perderte en la ciudad que se come a todo aquel que se atreve a aventurarse en ella… de esa soledad te hablo, de esa soledad de la primera separación, esa soledad del primer dejar. Cuan escalofriante es solo pensarlo, cuanto temor podemos llegar sentir a la soledad, al carecer. Hay quienes dicen que “solos vinimos al mundo y solos nos iremos”, ¿pero no es eso falso?, ¿acaso cuando nace un nuevo ser, no nace también al mismo tiempo una nueva madre? ¡No nacemos solos! Ni podemos ser solos, y cuando morimos, mueren también infinitos seres, como “la esposa de…”; “el hijo de…” quienes jamás volverán a ser y que quedan tan bajo tierra, como la misma manifestación corpórea desgastada. Somos seres que buscamos la compañía de otros, por que solo en la medida que hay otros, podemos existir… así de simple, así de utilitario y así de carente. Si bien es cierto que habemos muchos que disfrutamos de alejarnos, por que nos llevamos bien y nos toleramos a nosotros mismos, esto es solo por que sabemos que podemos unirnos nuevamente al gran cardumen de la continua corriente de la vida… pero ¿que seria de cada uno de nosotros si de verdad pudiésemos separarnos para siempre de los demás?, ¿no terminaríamos acaso como Narciso?, ensimismados, autómatas y probablemente ahogados, en la perdición extrema y en el solipsismo mas irremediable… pobre Narciso, dura fue su suerte en su codiciosa aventura, ¿pero que fue lo que vio en su propio reflejo solitario?, ¿admiró simplemente su belleza? O fue que se embriago al ver lo que solo Dios tiene permitido ver… La autosuficiencia…